Tipo NUEVE: El Pacificador

Extraído del libro de Yechezkel y Ruth Madanes, “Deja de Estancarte y Crece! Las técnicas del Eneagrama aplicadas al proceso de Coaching”, Editorial Urano, Barcelona, 2013 Prohibida su reproducción total o parcial.

Los nueve son personas tranquilas, relajadas y estables, orientadas hacia la paz y la armonía.

En su expresión sana, son pausados, receptivos, adaptables y flexibles. tienen estabilidad emocional, buen carácter, tardan en enfadarse, se muestran relajados y diplomáticos. Aunque no expresan mucho sus emociones, son amables, cálidos, solidarios y simpáticos.
Tienen una naturaleza calmada, estable y sienten la necesidad imperiosa de gozar de armonía tanto en su vida interior como en sus relaciones. Aunque dan imagen de serenidad y estabilidad, y suelen ser modestos y no les gusta destacar, son muy activos y dinámicos, alcanzando los objetivos que se fijan ellos mismos de una manera apacible, ibre de ansiedad. Están presentes en su vida, de la que participan plenamente. son amables con las personas, pero saben mantener sus límites y respetar sus propias prioridades, deseos y necesidades.
Son maestros de la meditación y la resolución de conflictos: poseen la capacidad necesaria para lograr que se escuche la voz de todas las partes en un conflicto, y para que se entiendan los diversos puntos de vista. saben escuchar y aceptan a las personas como son. Pueden comprender al mismo tiempo distintas perspectivas. se muestran firmes pero relajados y diplomáticos, y tratan a los demás con respeto. Son buenos comunicadores y saben cómo conducir con tacto a las diversas partes de un conflicto, sin ponerlas a la defensiva. Son muy creativos, y cuando una resolución total no es posible, saben cómo conseguir que las  partes  «acuerden  estar  en  desacuerdo»,  que  toleren  aunque  no acepten la postura contraria, pero al menos mantengan una actitud amistosa aun discrepando (o admitan que seguir discutiendo sería innecesario, ineficaz o indeseable).
Tienen una cualidad espiritual que les aporta la sensación de ser uno con la vida. De esta cualidad se desprenden muchas características: Primero, tienen fe en la vida y en el universo, y en que todo lo que sucede es para el bien de la persona. También creen que «cuando uno quiere algo, todo el universo conspira para ayudarlo a conseguirlo».
Segundo, son pacientes y tienen resistencia en las circunstancias difíciles, perseverando frente a las demoras o a las provocaciones, sin actuar negativamente. Manifiestan tolerancia cuando están sometidos a presiones, sobre todo si se enfrentan a dificultades a largo plazo. Su paciencia también les permite funcionar eficazmente durante las crisis, actuando sin agitación ni perturbaciones, e insuflando tranquilidad en un entorno desapacible.
Tercero, son ecuánimes, es decir, conscientes, y aceptan el momento presente, lo cual les permite apreciar las cosas más sencillas de la vida.
Cuarto,  capacitan  a  los  otros  simplemente  aceptándolos  y  animándolos a desarrollarse, y dándoles libertad para elegir su propio camino.
Aunque son personas espirituales, viven con los pies bien asentados en el suelo, y son realistas, capaces de actuar rápidamente basándose en su instinto.
 
En el estancamiento, experimentan el deseo intenso de mantener un sentido interno y externo de paz (a veces al precio que sea). Su centro de atención se fija exclusivamente más en las cosas que pueden alterar su sensación de paz.
Para conservar su sensación externa de paz, se centran automáticamente en evitar los conflictos y las tensiones. Comienzan a adaptar su propia agenda a las peticiones y exigencias de otras personas, fusionándose con ellas y, en ocasiones, casi volviéndose invisibles en el proceso. Pueden decir que sí solo para complacer a los otros, aun queriendo decir que no. No adoptan posturas firmes para no molestar a los demás. Aunque proyecten una imagen agradable, a veces actuan de forma pasivo-agresiva, volviéndose testarudos y negándose interiormente a actuar.
Para conservar su sensación interna de paz, intentan mantener su vida inalterada y cómoda en la medida de sus posibilidades. Quieren aferrarse a la rutina sin salir de ella. Pueden volverse pasivos y renunciar a toda pretensión. Su sana modestia se convierte en una mentalidad del «yo no cuento». se consideran personas sin importancia, como si su participación en el mundo no tuviera valor. Se olvidan de sí mismos y se vuelven invisibles, haciendo suyas las agendas de los otros.
Para mantener la paz, intentan disociarse de cualquier cosa que los perturbe,  incluyendo  sus  propias  emociones,  pensamientos  o  experiencias. Dado que, normalmente, la realidad y la vida nos exponen a molestias  y  perturbaciones  cada  día,  los  nueve  pueden  anestesiarse para evitarlas. Muchos de ellos caen en costumbres que los distraen y los anestesian, como comer en exceso, ver la televisión o pasarse horas y horas ante el ordenador sin un propósito definido. Es como huir mediante el sueño. Pierden la conciencia del tiempo y empiezan a vivir siendo poco conscientes de sí mismos.
Este enfoque automático en mantener la paz interior/exterior suele dejarlos confundidos y con pocas energías, con dificultades para actuar en las facetas importantes de su vida. Dado que nada les parece realmente importante o urgente, le conceden a todo la misma importancia, y pierden la capacidad de fijar prioridades o tomar decisiones eficazmente. Las nimiedades y las pequeñas comodidades sustituyen a las auténticas prioridades. Es posible que se les acumulen los problemas, y que se vuelvan indiferentes a ellos, sumiéndose en una mentalidad según la cual: «Los problemas ya se arreglarán solos».