Tipo CINCO: El Investigador

Extraído del libro de Yechezkel y Ruth Madanes, “Deja de Estancarte y Crece! Las técnicas del Eneagrama aplicadas al proceso de Coaching”, Editorial Urano, Barcelona, 2013 Prohibida su reproducción total o parcial.

Los cinco son observadores perceptivos e independientes, que tienen un enfoque eminentemente cerebral sobre la vida.

En su expresión sana, sienten la necesidad constante de aprender y ampliar su intelecto. Son personas motivadas por la necesidad de comprender el mundo que las rodea. Les estimulan las ideas y poseen una gran capacidad analítica. Los cinco son perceptivos, brillantes, lógicos; tienen capacidad de concentrarse; son innovadores, estudiosos, eruditos, inconformistas y competentes. Son maestros de la observación y del análisis.
Poseen una mirada perspicaz y una voluntad firme, independiente, libre de influencias, que les permite mantenerse a distancia y disponer de una perspectiva buena y objetiva sobre cualquier problema. Son pensadores perspicaces y originales, a quienes se les da muy bien formular explicaciones, modelos y teorías en cualquier campo que les interese.
Pero sus capacidades de observación y de análisis no los convierten en observadores pasivos que viven una «vida mental» y se distancian emocionalmente de otras personas. Saben cómo plasmar en la realidad su potencial intelectual y sus planes, y cómo «salir a la cancha», actuar y vivir en el mundo como todos los demás. Aunque son reservados y, normalmente, introvertidos, y prefieren pasar un rato a solas todos los días y, en ocasiones, pasar casi inadvertidos, mantienen relaciones sociales y están vinculados con el mundo, gozando de una buena capacidad de interacción. Por tanto, no son solo observadores, sino iniciadores y contribuyentes. Aunque principalmente los motivan las ideas y las actividades mentales, también están en contacto con sus sentimientos y con su cuerpo, y saben cómo expresar su lado emocional.
Son fuertes pero apacibles; son reflexivos y les gusta pensar antes de actuar, para proceder con sensatez y buen criterio. Su despego emocional les da la capacidad de mantener la calma incluso en circunstancias estresantes cuando a los otros los invade el pánico. Esto no quiere decir que repriman sus emociones o eviten sus sentimientos de empatía. Por el contrario, poseen la capacidad de mantenerse serenos y distanciados de las preocupaciones y del ajetreo de la mente, y la capacidad de mantener la distancia frente a la situación para poder abordarla con tranquilidad. Pueden convertirse en expertos en sus campos, y su desarrollo intelectual va acompañado de una actitud humilde, relajada: no se sienten impulsados a demostrar que lo saben todo sobre un tema, y se permiten decir «no lo sé» sin sentirse mal por ello. Además, pueden reconocer los límites de la lógica y no temen desafiarla, ni tampoco sus propios pensamientos o modelos mentales. Paradójicamente, eso ocurre cuando más crecen intelectualmente, dado que estas actitudes los ayudan a mantener la curiosidad y la mente abierta frente a nuevos aprendizajes y posibilidades.


En el estancamiento, su actividad mental se intensifica. Se absorben más en sus pensamientos. esta «vida mental» los desconecta de sus emociones. Pueden volverse personas más frías, evasivas, indiferentes, inconscientes de cómo se sienten, menos capaces de vincularse emocionalmente con los otros o apoyarlos. Prefieren mantener a distancia a los demás. Sus relaciones pueden resentirse, dado que se agobian y se agotan más fácilmente, y se sensibilizan más ante las expectativas y las exigencias de los otros, y ante las invasiones de su privacidad. No solo quieren mantenerse alejados y evitar que los demás agoten sus recursos (tiempo, energía, atención, conocimientos, dinero, etc.), sino que desean mantener la distancia a base de no necesitar a nadie. Intentan ser autosuficientes. si es necesario, se guardarán para sí sus problemas o restarán importancia a sus propias necesidades, con objeto de mantener su independencia. Se convierten en observadores más pasivos, y tienen más dificultades para ponerse en acción. es posible que sus comentarios mentales se intensifiquen, como si no callasen jamás, como si todo exigiera su interpretación y su explicación, y pierden concentración. Demoran su actuación a base de hacer preparativos añadidos, o de aprender cosas nuevas. Algunos de ellos centran su atención exclusivamente en las ideas y en la información. Les da la sensación de que siempre quedan cosas por estudiar, observar y tener en cuenta antes de actuar.
El hábito de interpretarlo todo mentalmente puede volverlos más subjetivos, dando lugar a que tengan una mente menos abierta y sientan menos curiosidad. Es posible que interpreten más de lo que investigan o experimentan.  Por  otro  lado,  desde  su  posición  de  observadores,  a  veces pueden mirar con desdén la forma de actuar de los demás, la manifestación de sus emociones o sus convenciones sociales, tachándolas de ilógicas o «estúpidas». Los otros pueden pensar que actúan como si fueran superiores o esnobs.
Su apego a la lógica y al reduccionismo puede llegar a ser extremo, sin ser conscientes de que la lógica en ocasiones es también tendenciosa y excluye de los análisis de los cinco las facetas emocional y sensorial. Se vuelven menos dispuestos a desafiar sus propios pensamientos, y buscan explicaciones de la realidad menos complejas.
La costumbre de vivir su «vida mental» los desconecta también de su cuerpo. Dedican menos tiempo a los aspectos sensorial y físico, y por eso algunos  se  vuelven  más  sedentarios  y  menos  conscientes  de  su  propio cuerpo. Cuando pasan a vivir su «vida mental» pueden sentirse alienados, vacíos, incompetentes, descentrados, tensos, preocupados, agobiados, furiosos y solos.